
El episodio 124 de Dragon Ball Z, emitido en Japón el 22 de enero de 1992, abre un paréntesis original en los tres años de espera de los androides. El protagonista es Vegeta, encerrado en la cámara de gravedad que le ha construido el Dr. Brief y obsesionado con un único objetivo: superar a Goku y convertirse en Super Saiyan. El título japonés no se anda con rodeos: «¡Superaré a Goku!».
Resumen
En la Capsule Corporation, Vegeta entrena dentro de una vieja nave espacial convertida en gimnasio, con la gravedad a 300 veces la de la Tierra. Apenas se tiene en pie y acaba alcanzado por sus propias esferas de energía, pero no se rinde y deja los aparatos destrozados, para disgusto del Dr. Brief. Yamcha, muerto de envidia, se cuela para probar la misma gravedad y por poco queda aplastado: logra apagar la máquina en el último segundo, impresionado por la dureza del entrenamiento del príncipe.
Al día siguiente, el Dr. Brief cuenta que Vegeta exige equipos cada vez más potentes y teme que se esté excediendo. No se equivoca: queriendo superarse, el Saiyan hace chocar dos ráfagas de energía y la nave explota con él dentro. Bulma y Yamcha acuden corriendo, Vegeta sale tambaleándose de los escombros, le suelta a Bulma que no pierda el tiempo con él y se desploma inconsciente. Mientras tanto, en el monte Paozu, Goku, Gohan y Piccolo entrenan juntos, y el niño progresa a ojos vista.
Vendado y en cama, Vegeta tiene una pesadilla: corre por un camino oscuro tras un Goku que sonríe burlón y nunca logra alcanzarlo; luego aparece también el joven misterioso venido del futuro, y los dos se transforman en Super Saiyan ante él y se alejan. Del sueño brota un recuerdo de infancia: el rey Vegeta le explicaba que los Saiyan de clase baja, como Goku, eran enviados a planetas lejanos, mientras el linaje real se quedaba en el planeta Vegeta, y le prometía que algún día, entrenando, se convertiría en el legendario Super Saiyan. Vegeta despierta junto a Bulma, dormida sobre el escritorio. Sin haberse recuperado, vuelve a entrenar, ahora a 400 G, haciendo caso omiso de sus quejas. Contagiados por su empeño, Yamcha y Puar deciden ponerse también manos a la obra.
Nuestro análisis
En el manga, los tres años que separan el aviso de Trunks de la llegada de los androides pasan en una sola página. El anime, que necesita dar margen a Toriyama, los rellena con dos episodios originales, y este primero está sorprendentemente bien enfocado. Cuenta lo que el manga solo deja intuir: lo mucho que le cuesta a Vegeta alcanzar el nivel que Goku logró en Namek y lo herido que está su orgullo.
La pesadilla es lo mejor. Vegeta aún no sabe que el joven Super Saiyan es su hijo, y verlo alejarse junto a Goku le escuece tanto como la derrota. El recuerdo del rey Vegeta pone patas arriba la jerarquía Saiyan: el príncipe estaba destinado a la gloria y el soldado de clase baja no. Para Vegeta es a la vez una humillación y un acicate, y prepara su regreso como Super Saiyan en el episodio 129.
Luego está Bulma. Los cuidados que dedica al príncipe herido son la semilla de una relación que la historia solo desvelará en el episodio 126, cuando ella se presente a la cita con un bebé en brazos. El anime cubre el hueco con pocas escenas, sin forzar.
La cámara de gravedad retoma, llevada al extremo, la nave en la que Goku entrenó camino de Namek.
Curiosidades
- Episodio de relleno, sin capítulos del manga. Guion de Aya Matsui, dirección de Kazuhito Kikuchi y supervisión de animación de Minoru Maeda, con un 25,2% de cuota de pantalla.
- En japonés, el rey Vegeta tiene aquí la voz de Yukimasa Kishino en lugar de Banjō Ginga.
- Es la única vez que Goku aparece como Super Saiyan con el uniforme de la saga de Freezer intacto, aunque solo en sueños.
- En Hispanoamérica se tituló «Superaré a Gokū». Como todo el relleno, no tiene equivalente en Dragon Ball Kai.
