Dragon Ball episodio 18: «Entrenamiento al estilo de Tortuga Duende»

Dragon Ball episodio 18: campos arados a mano, una obra, tiburones y abejas. Un día entero de entrenamiento en la escuela de la Tortuga. Resumen y análisis.

Actualizado el 19 de octubre de 2026Lectura: 3 min

El decimoctavo episodio de Dragon Ball, emitido en Japón el 25 de junio de 1986, cuenta un día completo en la escuela del Maestro Roshi, del amanecer al anochecer. Después de la leche llegan un campo que arar a mano, una obra, un baño con tiburones y un enjambre de abejas. Y al final el maestro anuncia que desde mañana lo harán todo con un caparazón de tortuga a la espalda.

Resumen

Por todo el mundo, otros luchadores se preparan para el Torneo de Artes Marciales en gimnasios, dojos y bosques. Goku y Krilin, recién terminado el reparto de leche, se desploman convencidos de que han acabado, pero Roshi los levanta: ahora toca el entrenamiento de la mañana. Tienen que ayudar a un campesino a arar su campo, y cuando cogen las azadas el maestro los frena. Se ara con las manos, porque el objetivo es endurecerlas. El campesino los compara con dos tractores.

En el desayuno, Krilin se pasa con la pimienta, Lunch estornuda y echa a todos de casa a tiros, y el grupo acaba comiendo en un restaurante. Después hay estudio, porque según Roshi un artista marcial también debe entrenar la mente, y tras la comida una hora de siesta en hamacas. El lema de la escuela es sencillo: moverse bien, aprender bien, comer bien, descansar bien.

La tarde empieza en una obra. El capataz desconfía, pero los chicos cavan y acarrean tan deprisa que acaba pagándoles como a seis hombres. Mientras pica, Krilin recuerda a los alumnos mayores que le maltrataban en el templo Orin y jura vengarse en el torneo.

Cuando Goku exige aprender por fin movimientos de verdad, Roshi se enfada y señala una gran roca: les enseñará artes marciales cuando sean capaces de moverla. El anciano apenas la desplaza unos centímetros, pero Goku, con una roca parecida, lo consigue a la primera y la empuja varios metros. Roshi finge haberse confundido y señala otra mucho más grande. Siguen diez largos en un lago lleno de tiburones y un ejercicio de reflejos: atados a un árbol, deben esquivar las abejas de una colmena que el maestro golpea con su bastón. Por la noche, llenos de picaduras, descubren que desde el día siguiente repetirán la rutina con un caparazón de 20 kilos.

Nuestro análisis

Si el episodio anterior presentaba el método de Roshi, este lo muestra entero, y la estructura de reloj, con cada parte del día sucediéndose, transmite bien el cansancio. La idea de fondo es sorprendentemente sana para una serie de peleas: el trabajo, el estudio, la comida y el sueño valen tanto como el combate.

El mejor momento es la roca. En pocos segundos la escena dice tres cosas: Goku ya es más fuerte de lo que su maestro cree, Roshi es un buen profesor con algo de comediante, y su verdadero objetivo es mantener a los chicos bajo presión, no cumplir su palabra. La cara del viejo cuando Goku mueve la roca vale por sí sola el episodio.

El recuerdo del acoso da a Krilin una herida que cerrar y, por tanto, un motivo para llegar al torneo distinto del de Goku. El gag de la pimienta y el libro de «lengua» de contenido sospechoso son el peaje cómico de la época, con desigual fortuna.

Curiosidades

  • El episodio adapta el capítulo 31 del manga de Akira Toriyama y en Japón obtuvo un 22,8% de cuota de pantalla.
  • Lo dirigió Yoshihiro Ueda, el mismo director del episodio del primer Kame Hame Ha.
  • El título japonés juega con el nombre de la escuela, Kame-Sen-ryū, el «estilo del ermitaño tortuga».

¿Sabías que…? En la obra, Roshi pide para los dos chicos el sueldo de cinco hombres. Cuando la cabeza del pico de Krilin aterriza a su lado, el capataz se convence solo y lo sube a seis.

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