
El episodio 152 de Dragon Ball, emitido en Japón el 12 de abril de 1989, es el penúltimo de la serie y lleva a Goku y a Chichi a las puertas del más allá. El abanico Bashō no basta: para salvar a Ox-Satán hay que llegar al origen del fuego. El título original es «¡Deprisa, Goku! El misterio del monte de los Cinco Elementos».
Resumen
Goku sigue agitando el abanico, pero las llamas que rodean el castillo no ceden. Baba la adivina llega para explicar el porqué: no es un fuego cualquiera, sino la llama especial del Hakkero, el horno de los Ocho Trigramas. El horno está en la cima del monte de los Cinco Elementos y lo custodia un ser antiguo y venerable, el Taijō Rōkun. Solo él puede apagarlo. El problema es que por esa montaña pasa el camino al más allá, y se dice que nadie que haya subido ha vuelto jamás.
Goku y Chichi van de todos modos, pero la nube Kinto se niega a acercarse al monte y tienen que seguir a pie. El sendero es una carrera de obstáculos: una grieta erizada de lanzas, una nube de murciélagos que casi hace caer a Chichi, guerreros fantasmales, un gigante de roca y por último un dragón. A fuerza de pelear, Goku se da cuenta de que esos enemigos no dejan rastro: son ilusiones. Así que, cuando el dragón abre las fauces, salta dentro sin dudarlo, y el camino se abre.
En el castillo, mientras tanto, la situación es desesperada: Ox-Satán se ha refugiado en lo más alto del edificio, completamente rodeado por el fuego.
En la cima, Goku y Chichi encuentran el horno, y junto a él una sorpresa: allí trabaja el abuelo Son Gohan, que en el más allá sirve como guardián. Goku, feliz, le presenta a su futura esposa. Cree que el misterioso Taijō Rōkun es su abuelo, pero Gohan lo corrige: la guardiana del horno es Annin, una mujer bellísima. El chico le pide que apague el horno para salvar a su suegro, pero ella se niega: detener ese fuego sumiría en el caos el mundo de los vivos.
Nuestro análisis
En su penúltimo episodio la serie vuelve a sus raíces literarias. El monte de los Cinco Elementos, el horno de los Ocho Trigramas y el Taijō Rōkun, es decir, el sabio Laozi divinizado, salen directamente de Viaje al Oeste, la novela china en la que Akira Toriyama se inspiró para crear a su Goku. En el libro, el Rey Mono acaba encerrado precisamente en ese horno, y bajo esa misma montaña pasa quinientos años prisionero. Cerrar la serie aquí tiene algo de homenaje consciente.
La mejor idea, sin embargo, es el regreso del abuelo Gohan. Goku ya lo había abrazado durante un solo día en la saga de Baba la adivina; volver a verlo ahora, en vísperas de la boda, permite al hombre que lo crió conocer a la novia. Es un toque sentimental que el manga nunca buscó, y que aquí suena sincero.
El recorrido de ilusiones es más convencional, pero tiene una idea simpática: para ganar, Goku tiene que dejar de pelear y fiarse de su instinto.
Curiosidades
- Episodio original del anime, sin equivalente en el manga. En Japón obtuvo un 17,3% de cuota de pantalla.
- Guion de Katsuyuki Sumisawa y Takao Koyama, dirección de Mitsuo Hashimoto y dirección de animación de Yukio Ebisawa.
- En japonés el horno se llama Hakkero y el monte Gogyōzan: los cinco elementos son la madera, el fuego, la tierra, el metal y el agua de la tradición china.
- En el doblaje inglés de Funimation el episodio se tituló Mystery of the Dark World.
¿Sabías que…? En Viaje al Oeste, hasta las Montañas Llameantes, que se apagan con el abanico de hoja de palma, nacen del horno de Laozi: son los ladrillos ardientes que cayeron a la Tierra cuando el Rey Mono lo volcó. El anime recupera la idea con un fuego que viaja desde el horno hasta el castillo.
