
Las Bolas de Dragón son el motor de toda la saga: siete esferas, cada una marcada con entre una y siete estrellas, que al reunirse invocan a un dragón capaz de conceder deseos. Goku conoce a Bulma precisamente porque ella las está buscando, en el primer capítulo de 1984, y cuarenta años después siguen siendo el punto de partida de Dragon Ball Daima. Aquí tienes las reglas, las excepciones y los deseos que cambiaron la historia.
De dónde salen
Toriyama quería dar a los lectores de una revista juvenil algo que coleccionar, una búsqueda por etapas que seguir semana a semana. La idea procede de un clásico de la literatura japonesa, Nansō Satomi Hakkenden, en el que los héroes recuperan ocho cuentas de un rosario repartidas por Japón. Eligió siete bolas justamente para no copiar el número de su modelo.
Dentro de la historia, las Bolas de Dragón de la Tierra son obra de Kami, un namekiano que llegó de niño a nuestro planeta y las creó a imagen de las de su mundo natal. Mucho más adelante, el antiguo Kaioshin cuenta que las bolas que conceden deseos se consideraban una fuente de problemas, y que por eso solo a los namekianos, el pueblo más honrado del universo, se les permitió crearlas.
Las reglas de Shenlong
El dragón de la Tierra es Shenlong, la lectura china de 神龍, "dragón divino". Sus reglas se descubren poco a poco:
- al principio concede un único deseo;
- justo después las bolas se dispersan por el planeta y se convierten en piedra durante un año;
- no puede hacer nada que supere el poder de su creador: cuando Oolong le pide que derrote a los Saiyan, Shenlong responde que es imposible;
- no resucita a quien ha muerto por causas naturales ni a la misma persona dos veces, y por eso Goku no puede volver tras los Cell Games;
- si muere el creador, las bolas se vuelven simples piedras. Por eso, en el 23.º Torneo de Artes Marciales, Goku perdona la vida a Piccolo: la suya está ligada a la de Kami.
Cuando Dende ocupa el lugar de Kami, mejora al dragón. Shenlong pasa a conceder tres deseos, aunque una resurrección masiva consume dos, y los que no se usan pueden guardarse: en ese caso las bolas vuelven a activarse a los cuatro meses. Daima añade un detalle cómico: los tres deseos son un privilegio de los clientes habituales, así que el rey demoníaco Gomah, que lo invoca por primera vez, solo obtiene uno.
Namek y Porunga
Las bolas de Namek son mucho más grandes e invocan a Porunga. El dragón namekiano concede tres deseos, pero exige una contraseña y peticiones formuladas en idioma namekiano, un detalle decisivo cuando Freezer, que no lo habla, llega ante el dragón. Tras usarse, las bolas quedan inactivas durante un año de Namek, es decir, 130 días terrestres.
Al principio cada deseo solo podía resucitar a una persona. Cuando muere Guru, el patriarca que las había creado, y su papel pasa a Moori, Porunga aprende a devolver la vida a grupos enteros. La muerte de Guru, además, llega en el peor momento para Vegeta: el dragón desaparece justo cuando el príncipe de los Saiyan está a punto de conseguir la inmortalidad.
Las bolas de estrella negra (GT)
Dragon Ball GT presenta unas bolas con estrellas negras, creadas por Kami antes de separarse de Piccolo Daimaō, cuando era mucho más poderoso. Invocan a un Shenlong rojo, el Shenlong Definitivo, que concede un deseo sin límites. El precio es altísimo: tras usarse, las bolas se dispersan por el universo y, si no se devuelven antes de un año, el planeta donde se pidió el deseo acaba destruido. Toda la serie arranca con un accidente, porque Pilaf, por error, convierte de nuevo a Goku en un niño. En su recta final GT añade otra idea: cada deseo carga las bolas de energía negativa, y de esa energía nacen los dragones malignos.
Las Super Bolas de Dragón
Dragon Ball Super revela que todos los juegos conocidos proceden de fragmentos de las Super Bolas de Dragón, creadas por el dios dragón Zalama. Son del tamaño de planetas, están repartidas entre los Universos 6 y 7, y solo una divinidad puede reunirlas. Su dragón, Super Shenlong, concede cualquier deseo, siempre que se conozca la contraseña y se hable la lengua de los dioses. Son el premio del Torneo del Poder, y gracias a ellas C-17 devuelve a la existencia los universos borrados. En la línea temporal de Trunks del futuro, en cambio, Zamasu las usa para intercambiar su cuerpo con el de Goku: así nace Black Goku.
El manga de Super incluye además un juego fuera de lo común, el del planeta Cereal: solo dos bolas, que nunca se convierten en piedra. Granola las usa para convertirse en el guerrero más fuerte del universo, a cambio de la mayor parte de los años que le quedaban de vida.
Las bolas de Daima
En Dragon Ball Daima el Reino Demoníaco tiene su propio juego, creado por el anciano namekiano Neva. Son solo tres, enormes, y no hace falta buscarlas porque todo el mundo sabe dónde están: cada una se encuentra en uno de los tres mundos demoníacos, custodiada por un Tamagami, un guardián construido para ser invencible. El dragón que invocan se parece a Porunga, pero es rojo y de ojos amarillos, y también aquí se habla namekiano. Glorio, que lo había aprendido en secreto, usa el deseo para que Goku y sus amigos vuelvan a ser adultos.
Los deseos que hicieron historia
| Deseo | Quién lo pide | Bolas | Serie |
|---|---|---|---|
| Unas bragas, para adelantarse a Pilaf | Oolong | Tierra | Dragon Ball |
| Recuperar la juventud | Piccolo Daimaō | Tierra | Dragon Ball |
| Resucitar a Goku contra los Saiyan | Maestro Roshi | Tierra | Z |
| Resucitar a Piccolo y llevarlo a Namek | Dende, por Gohan y Krilin | Namek | Z |
| Llevar a todos a la Tierra salvo a Goku y Freezer | Dende, a petición de Kaito | Namek | Z |
| Quitar las bombas a C-17 y C-18 | Krilin | Tierra | Z |
| Borrar el recuerdo de Majin Boo | Goku | Tierra | Z |
| Convertir a Goku en niño (por error) | Pilaf | Estrella negra | GT |
| Intercambiar su cuerpo con el de Goku | Zamasu | Super | Super |
| Restaurar los universos borrados | C-17 | Super | Super |
| Convertir en niños a los rivales de Majin Boo | Gomah | Tierra | Daima |
| Que todos vuelvan a ser adultos | Glorio | Reino Demoníaco | Daima |
¿Sabías que...? El primer deseo que vemos cumplirse es también el más ridículo. Para impedir que Pilaf se convierta en el amo del mundo, Oolong se adelanta y le pide a Shenlong unas bragas de mujer. El dragón obedece, y Pilaf se queda con las manos vacías.
Más allá de las reglas, las Bolas de Dragón funcionan como un pacto con el lector: en Dragon Ball la muerte tiene vuelta atrás, pero cada resurrección trae un coste, un plazo o una letra pequeña. Ese equilibrio, más que los propios dragones, es lo que ha mantenido viva la tensión durante cuatro décadas.
