
El undécimo episodio de Dragon Ball, emitido en Japón el 7 de mayo de 1986, lleva la saga al punto de no retorno. Encerrados en una celda del castillo, Goku y sus amigos pierden la última Bola de Dragón y solo pueden mirar mientras Pilaf invoca al dragón Shenlong. Por el camino, una de las torturas más ridículas de la historia de la animación y una huida a toda velocidad.
Resumen
Atrapados en la habitación sin salida, Bulma, Goku, Oolong, Yamcha y Puar buscan una escapatoria. Goku ni siquiera sabe qué es una trampa, y los golpes de Yamcha no hacen nada contra las paredes. En una pantalla aparece Pilaf, que se presenta como el gran rey y exige la bola de cuatro estrellas.
Bulma le saca la lengua y Pilaf, ofendido, ordena que un brazo mecánico la lleve ante él, anunciando que le hará algo «indecente». El castigo resulta ser un beso lanzado a distancia, que les pone colorados a él y a sus secuaces. Bulma, que esperaba algo mucho peor, se burla de él, y un Pilaf escandalizado la devuelve a la celda.
Toca entonces el gas somnífero. Todos caen dormidos, incluido Pilaf, que entra en la celda sin máscara. Mai encuentra la bola atada a la espalda de Goku y se la lleva. Al despertar la bola ya no está, pero la puerta de la celda se ha quedado abierta. El grupo se cruza con Pilaf y los suyos en los pasillos y los persigue, hasta que el tirano activa otra trampa: tocando un órgano, dirige una enorme bola de pachinko que los acosa por los pasillos y los empuja de vuelta a la misma celda.
Fuera, Pilaf coloca las siete bolas bajo la luna llena. Yamcha anima a Goku a usar el Kame Hame Ha que aprendió de Roshi, pero el golpe solo abre un pequeño agujero en el muro. Puar y Oolong se transforman en murciélagos y salen volando para robar al menos una bola, pero llegan tarde: el cielo se oscurece y de las bolas surge Shenlong.
Nuestro análisis
Casi todo el episodio transcurre en una habitación y un castillo, y la dirección juega con ese espacio. Los pasillos laberínticos y la bola gigante convierten el castillo en una máquina de pinball, una secuencia que no está en el manga y que alarga la historia sin hacerla pesada. Es relleno bien hecho: visualmente divertido y sin perder la tensión hacia la invocación.
La comedia gira en torno a Pilaf, un villano que se escandaliza por un beso y se duerme con su propio gas. Es un retrato que lo convierte para siempre en un personaje cómico. La escena de la «tortura» juega además con las expectativas del público: la reacción decepcionada de Bulma es el verdadero chiste.
Hay un detalle que conviene señalar: el Kame Hame Ha de Goku apenas agujerea el muro. Después de su hazaña en el episodio 8, la serie recuerda que el talento solo no basta, y el propio Goku admite entre risas que no ha entrenado lo suficiente. Es la semilla de su decisión de ir con Roshi.
El final es un cliffhanger clásico. Tras diez episodios de búsqueda, el dragón aparece por fin, pero del lado equivocado. Es la primera invocación de Shenlong de la serie, y su puesta en escena, con el cielo que se oscurece y los rayos sobre las bolas, será el modelo de las siguientes.
Curiosidades
- Goku confunde la palabra japonesa para «trampa», wana, con «banana»: un juego de palabras difícil de trasladar a otros idiomas.
- En la edición de Trimark del primer doblaje inglés (1995) se cortó el gesto grosero que Bulma le dedica a Pilaf.
- El episodio adapta únicamente el capítulo 19 del manga y en Japón tuvo un 24,6% de cuota de pantalla.
